Hacer tu CV
Los mejores formatos de currículum
Elegir formato no es una decisión estética sino estratégica: cada uno muestra algo y esconde algo. Cronológico, funcional, combinado y por competencias, con una tabla para saber cuál te toca, más PDF frente a Word y el CV documentado de las convocatorias.
La pregunta «¿qué formato de CV uso?» casi siempre se contesta mal, porque se entiende como una pregunta de diseño. Se responde con colores, columnas y tipografías, cuando en realidad se está preguntando otra cosa: en qué orden va a leer el reclutador tu historia.
Ese orden no es neutral. Cada formato pone algo adelante y empuja algo hacia atrás, y esa decisión cambia lo primero que el lector va a saber de ti. Elegirlo bien es entender qué es lo más fuerte que tienes —tu trayectoria, tus habilidades o tus resultados— y ponerlo donde se mira primero.
Cronológico inverso: el que corresponde casi siempre
Es el que usa la mayoría y el que la mayoría debería usar. Tus empleos van del más reciente al más antiguo, cada uno con puesto, empresa, fechas y tres a cinco líneas de lo que hacías y lograste. Los estudios van después, salvo que recién egreses.
Funciona porque coincide con la forma en que el reclutador lee: lo primero que quiere saber es qué estás haciendo ahora o qué hiciste último, y desde cuándo. Si tu último puesto se parece al que se ofrece, ya ganaste la primera mirada. Además es el formato que mejor sobreviven los sistemas de lectura automática, porque las fechas y los cargos están donde se esperan.
Lo que muestra: continuidad, progresión y actualidad. Lo que delata, y por eso mucha gente le huye: los vacíos entre un empleo y otro, los empleos muy cortos seguidos y los años sin movimiento en el mismo cargo. Esa transparencia asusta, pero conviene: los vacíos se explican en una línea y se olvidan, mientras que esconderlos genera la sospecha que sí hunde una candidatura.
Sirve para prácticamente todos los casos: quien sigue en su rubro, quien busca lo mismo que hace, quien tiene una trayectoria ordenada y también quien tuvo interrupciones y prefiere explicarlas. Si dudas entre cuatro formatos, empieza por este.
Funcional: lo que esconde se nota
El CV funcional agrupa tu experiencia por áreas de conocimiento —«gestión de inventarios», «atención al cliente», «coordinación de equipos»— y describe lo que sabes hacer en cada una. Las empresas y las fechas quedan reducidas a una lista corta al final, o directamente no aparecen.
La teoría dice que sirve para quien tiene una trayectoria fragmentada. La práctica peruana dice otra cosa: un reclutador que abre un CV sin fechas visibles asume que hay algo que ocultar, y su primera reacción es buscar el dato faltante en lugar de leer tus habilidades. Si tiene otros veinte documentos en la bandeja, no busca: cierra.
Ese es el problema central del formato. Esconde vacíos, empleos cortos, cambios de rubro frecuentes y periodos de informalidad, pero al esconderlos los anuncia. Un vacío de ocho meses explicado en una línea pesa menos que un documento entero construido para que no se vea.
Hay casos donde tiene sentido usarlo, y son pocos: perfiles muy senior donde importa el conjunto de la carrera y no el orden, consultores con proyectos simultáneos, o cuando la propia convocatoria pide organizar la información por competencias. Fuera de eso, casi siempre conviene el combinado, que consigue lo mismo sin levantar sospecha.
Combinado: el que sirve cuando cambias de rumbo
El combinado o mixto arranca con un bloque de tres o cuatro líneas donde reúnes lo que sabes hacer y tus resultados más fuertes, sin importar en qué empresa ocurrieron, y después baja al cronológico inverso completo, con empresas, cargos y fechas a la vista.
Consigue lo que el funcional promete —que lo primero que se lea sea tu capacidad y no tu último empleador— sin pagar el precio de ocultar nada. El lector recibe primero el argumento y después la prueba, en ese orden, que es justo lo que necesita alguien cuyo último puesto no se parece al que busca.
Es el formato natural de tres situaciones. La de quien cambia de rubro y necesita que se vea la habilidad transferible antes que el nombre de la empresa anterior; el método completo para ese caso está en cómo hacer un CV para cambiar de carrera. La de quien vuelve al mercado después de varios años fuera. Y la del trabajador independiente que acumuló veinte clientes y no puede listarlos uno por uno sin volver ilegible el documento.
Un ejemplo de cómo se ve ese bloque de apertura: «Cinco años coordinando operaciones de almacén y despacho: control de kardex de más de 1.200 SKU, reducción del 30 % en diferencias de inventario y manejo de cuadrillas de hasta 8 personas en dos turnos.» Después de eso, el lector ya sabe qué eres, y las fechas que vienen abajo confirman en lugar de introducir.
Por competencias: el que se llena, no el que se diseña
El CV por competencias organiza la información según una lista de capacidades definida por quien evalúa, y para cada una pide evidencia concreta: en qué situación la aplicaste, qué hiciste y qué resultado hubo. No lo eliges tú por gusto; aparece cuando la organización usa un modelo de evaluación por competencias o cuando la convocatoria entrega un formato con los campos ya definidos.
Se ve en procesos de grandes corporativos con áreas de gestión del talento, en programas de trainees, en organismos internacionales y en algunas convocatorias del sector público. La diferencia práctica con los otros formatos es que el evaluador va a puntuar cada bloque por separado, así que la extensión pareja importa: dejar una competencia con dos líneas y otra con quince desequilibra el puntaje.
Si te toca uno, la regla es responder con hechos y no con descripciones de carácter. Cada competencia se llena con un caso: cuándo, qué hiciste tú específicamente, y qué pasó después. La forma de escribir esos casos es la misma que se usa en las entrevistas por competencias y está detallada en cómo destacar tus habilidades blandas.
Qué formato te toca según tu situación
Ubica tu caso en la primera columna y ahórrate la duda.
| Tu situación | Formato recomendado | Por qué |
|---|---|---|
| Trabajas en lo mismo hace años y buscas lo mismo | Cronológico inverso | Tu trayectoria es tu mejor argumento y se lee sola |
| Recién egresado o con solo prácticas | Cronológico inverso, con estudios arriba | Lo más fuerte que tienes es la formación reciente |
| Cambias de rubro con experiencia transferible | Combinado | Primero la habilidad, después dónde la usaste |
| Tres empleos cortos seguidos | Cronológico inverso, con una línea de contexto por salida | Esconder las fechas levanta más sospecha que explicarlas |
| Vuelves tras varios años fuera del mercado | Combinado | Ordena por lo que sabes hacer sin borrar las fechas |
| Independiente con muchos clientes | Combinado, agrupado por tipo de proyecto | Una lista de veinte clientes en orden es ilegible |
| Puesto técnico con requisitos duros en el aviso | Cronológico inverso, con bloque de herramientas arriba | El evaluador busca el requisito antes que tu historia |
| Convocatoria pública, hospital o municipalidad | El formato que exige la entidad, documentado | Ahí no eliges tú: el orden lo fijan las bases |
Y una decisión que va junto con el formato: la extensión. Ninguno de los cuatro te autoriza a estirarte más de lo que tu experiencia justifica, y el criterio para decidir entre una y dos páginas está en cuántas páginas debe tener un currículum.
PDF o Word: el formato de archivo también decide
Elegido el orden, queda el archivo, y ahí hay menos discusión de la que parece. El PDF es la respuesta por defecto para el noventa y cinco por ciento de los envíos.
Las razones son prácticas. El PDF conserva tu diseño exactamente igual en cualquier computadora, mientras que un Word abierto en otra versión o en otro sistema puede correr los márgenes, cambiar la tipografía y dejarte una línea huérfana en la segunda página. Además, un Word se edita: nadie va a modificar tu CV a propósito, pero un clic accidental de un reclutador que revisa veinte documentos sí ocurre. Y el PDF se ve igual en el celular, que es donde una buena parte de los reclutadores abre los correos.
Un detalle que sí importa: el PDF tiene que ser un documento de texto, no una imagen. Si escaneas tu CV impreso y lo guardas como PDF, los sistemas de lectura automática no encuentran ni una palabra y tu postulación se vuelve invisible. Exporta siempre desde el programa donde lo escribiste.
Hay tres casos donde el Word es lo correcto. Cuando el aviso lo pide expresamente, que suele significar que la empresa va a pegar tu información en su propia plantilla o en un sistema interno. Cuando una consultora de selección te lo solicita para presentarte a su cliente con el formato de la consultora. Y cuando el portal de postulación solo acepta .doc o .docx. En esos casos manda Word sin discutir: pelear con el requisito del formulario es la manera más tonta de quedar fuera.
La regla de convivencia es tener las dos versiones guardadas y actualizadas, con el mismo contenido. Y en las dos, el nombre del archivo tiene que decir quién eres, porque termina en una carpeta con otros cincuenta documentos; cómo nombrarlo está en cómo nombrar el archivo de tu currículum.
A4, márgenes y lo que pasa cuando lo imprimen
El tamaño es A4, que es el estándar en el Perú, no carta. Si armaste el documento en tamaño carta —el que traen por defecto varias plantillas descargadas—, al imprimirlo en una oficina peruana se va a recortar por abajo o va a quedar con una franja blanca desproporcionada. Se corrige en dos clics en la configuración de página, antes de exportar.
Los márgenes razonables van entre dos y dos punto cinco centímetros en los cuatro lados. Se puede bajar a un centímetro y medio si te falta poco para que entre todo, pero por debajo de eso el documento se ve apretado y, si alguien lo perfora para archivarlo en un file, el hueco se come una parte del texto. Ese último punto no es teórico: en convocatorias presenciales tu CV se perfora y se archiva.
Tres cosas más del mismo orden. El interlineado entre 1,15 y 1,5, porque el texto pegado no se lee en pantalla. El cuerpo de letra entre 10 y 12 puntos, con una tipografía común. Y una prueba que casi nadie hace: imprime tu CV en blanco y negro una vez. Los diseños con fondos oscuros y texto claro se vuelven ilegibles al imprimirse, y muchas convocatorias siguen trabajando con papel. El resto de criterios visuales —columnas, jerarquías, uso del color— está en cómo diseñar un CV moderno.
El CV documentado: otra cosa distinta
Si postulas al Estado, a un hospital, a una municipalidad, a una universidad pública o a un programa social, en algún momento vas a leer «presentar currículum vitae documentado». No es tu CV de siempre impreso: es un expediente, y se arma con otras reglas.
La diferencia de fondo es que en un CV normal tú afirmas y el reclutador te cree hasta que te verifique; en un CV documentado nada existe si no tiene un papel detrás. Cada estudio, cada curso, cada experiencia declarada va acompañada de su copia: título, constancia de egresado, certificados de trabajo, contratos, boletas, resoluciones, constancia de habilidad del colegio profesional, copia del DNI. Lo que no tiene sustento no se puntúa, aunque sea cierto.
La segunda diferencia es que el orden no lo eliges tú. Las bases de la convocatoria fijan la estructura, casi siempre siguiendo el orden de los requisitos y del cuadro de puntajes: formación académica, cursos y capacitación, experiencia general, experiencia específica. Y suelen venir con anexos obligatorios que hay que descargar, llenar a mano o a máquina y firmar: la ficha de resumen, las declaraciones juradas de no tener impedimento para contratar con el Estado, de no tener antecedentes, de parentesco. Un anexo sin firmar descalifica todo el expediente sin que nadie lea tu experiencia.
La tercera diferencia es la forma física. Muchas convocatorias piden el file foliado: numerar cada hoja a mano, normalmente en la esquina superior derecha, en orden y sin saltos. Algunas piden que la numeración vaya de atrás hacia adelante, otras al revés, así que hay que leer las bases y no asumir. Se entrega en un sobre o en un file, con la carátula que indican, y en las convocatorias virtuales se sube todo en un solo PDF en el orden exacto que pidieron.
Cuatro recomendaciones prácticas para no quedar fuera por trámite. Lee las bases completas y arma una lista de verificación con cada documento pedido antes de imprimir nada. Guarda un juego digital escaneado y ordenado de todos tus certificados, porque vas a usarlo en cada convocatoria y pedir duplicados toma semanas. Revisa que tu grado o título esté inscrito en el registro de SUNEDU, que es lo que muchas entidades consultan para validar. Y verifica la vigencia de tu habilidad profesional, que se vence y que en salud, ingeniería y derecho es requisito excluyente. El fondo del asunto es que en una convocatoria pública el CV documentado no se evalúa por lo bien escrito que esté, sino por si está completo: es un trámite con puntaje, y se gana o se pierde en la lista de verificación.
Para todo lo demás —el noventa por ciento de tus postulaciones al sector privado— lo que necesitas es el documento bien ordenado, en A4, exportado en PDF y con el formato que le corresponde a tu situación. Puedes armarlo en el creador de CV de Empleum, que tiene veinticuatro plantillas editables y gratuitas, ya configuradas en A4 y descargables en PDF, y tener listas dos versiones distintas para dos tipos de aviso. Con eso resuelto, la única decisión que te queda en cada postulación es cuál de las dos mandas, y esa se contesta leyendo el aviso.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mejor formato de currículum en el Perú?
El cronológico inverso, para la mayoría de casos. Pone tus empleos del más reciente al más antiguo, que es exactamente el orden en que el reclutador quiere leerlos, y es el que mejor procesan los sistemas de postulación automática porque las fechas y los cargos están donde se esperan. Solo conviene cambiarlo cuando tu último empleo no se parece al puesto que buscas: ahí funciona mejor el combinado, que abre con un bloque de habilidades y resultados y después mantiene el orden cronológico completo con fechas visibles. El funcional puro, sin fechas, es el que más problemas trae en procesos peruanos.
¿Envío mi CV en PDF o en Word?
En PDF, salvo que te pidan otra cosa. El PDF conserva el diseño igual en cualquier computadora y en el celular, no se edita por accidente y evita que se te corran los márgenes al abrirlo en otra versión del procesador de texto. Manda Word únicamente en tres situaciones: cuando el aviso lo exige expresamente, cuando una consultora de selección te lo pide para presentarte a su cliente con su propia plantilla, o cuando el formulario del portal solo acepta .doc o .docx. Un detalle importante: el PDF debe generarse exportando desde el programa donde escribiste, nunca escaneando una hoja impresa.
¿Qué es un CV documentado y en qué se diferencia del normal?
Es un expediente en el que cada dato que declaras va acompañado de la copia que lo sustenta: título, constancias, certificados de trabajo, contratos, boletas, habilidad del colegio profesional y copia del DNI. Se pide en convocatorias del Estado, hospitales, municipalidades y universidades públicas. La diferencia con el CV normal es que ahí lo que no tiene documento no se puntúa, aunque sea verdad, y que el orden lo fijan las bases de la convocatoria, no tú. Suele exigir además anexos con declaraciones juradas firmadas y el file foliado hoja por hoja. Se gana o se pierde por completitud, no por redacción.
¿En qué tamaño de hoja y con qué márgenes debo armar mi currículum?
En A4, que es el estándar peruano, con márgenes de entre dos y dos punto cinco centímetros en los cuatro lados. Si la plantilla que descargaste viene en tamaño carta, cámbiala antes de exportar: al imprimirse acá se recorta o queda con una franja blanca fuera de proporción. Puedes bajar los márgenes hasta un centímetro y medio si te falta poco para que entre todo, pero no menos, porque en convocatorias presenciales el documento se perfora para archivarlo y el hueco se come el texto del borde. Usa interlineado de 1,15 a 1,5 y cuerpo de letra entre 10 y 12 puntos.