Para empresas
Cómo elegir entre dos candidatos excelentes
Cuando los dos finalistas son buenos, la decisión deja de ser técnica: criterios de desempate, prueba práctica, referencias bien hechas y qué hacer con el que no elegiste.
Hay un momento del proceso de selección que nadie te avisa que va a doler: quedan dos finalistas y los dos son buenos. Ninguno tiene un defecto que sirva para descartarlo, ninguno destaca tanto como para decidir solo. Ese empate es señal de que hiciste bien el filtro, pero te deja frente a una decisión que ya no se resuelve leyendo currículums. Aquí tienes cómo elegir entre dos candidatos excelentes sin quedarte semanas dando vueltas ni terminar decidiendo por corazonada.
El empate es buena noticia, pero tiene fecha de vencimiento
Primero, la parte tranquilizadora: si tienes dos finalistas fuertes, el proceso funcionó. La mayoría de las contrataciones fallidas no vienen de elegir mal entre dos buenos, sino de tener un solo candidato viable y contratarlo por falta de alternativas.
Ahora, la parte urgente: los dos están hablando con otras empresas. Un finalista que espera tres semanas por una respuesta se va con el que le contestó primero, y probablemente te quedes con el otro sin haber elegido nada. Así que el objetivo no es la decisión perfecta, es una buena decisión rápida. Ponte un plazo, y que sea de días, no de semanas.
Vuelve al problema que querías resolver
Cuando dos perfiles se ven igual de buenos, casi siempre es porque los estás comparando en abstracto. La forma de romper el empate es dejar de preguntar «¿quién es mejor?» y empezar a preguntar «¿quién resuelve mejor lo que necesito que se resuelva?».
Escribe en una línea qué tiene que estar hecho dentro de seis meses para que la contratación haya valido la pena. Por ejemplo: «que el almacén tenga inventario confiable y no se pierdan despachos», o «que la cartera de clientes chicos deje de quedar sin atención». Con esa frase delante, los dos candidatos dejan de parecerse. Uno de ellos, casi siempre, encaja mejor con ese resultado concreto.
Este ejercicio es el mismo que recomienda hacerse antes de abrir la vacante, y si no lo hiciste al inicio, este es el momento de repararlo. En cómo contratar al mejor talento está desarrollado con más detalle.
Criterios de desempate que sí sirven
Quién necesita menos rampa
No se trata de quién sabe más, sino de quién produce antes. Un candidato que ya trabajó en tu rubro, con tu tipo de cliente o con el sistema que usas, empieza a aportar en semanas. Otro con mejor formación pero sin contexto puede tardar meses. Si tu operación no tiene aire para esos meses, ese es tu desempate y no hay que darle más vueltas.
Quién aprende más rápido
El criterio contrario aplica cuando el puesto va a cambiar. Si sabes que en un año esa persona va a estar haciendo algo distinto, importa más su capacidad de aprender que lo que sabe hoy. Una señal fiable: pregúntale por algo que tuvo que aprender solo en su trabajo anterior y fíjate si puede explicar cómo lo hizo, con pasos, o solo dice que «se adaptó rápido».
Riesgo de salida temprana
Los dos candidatos tienen un riesgo distinto de irse en los primeros meses, y ese riesgo se puede estimar sin adivinar. Mira tres cosas: cuánto tiempo duró en sus trabajos anteriores y por qué salió, cuánto tiene que viajar para llegar a tu local, y si el sueldo que ofreces está por encima o por debajo de lo que ganaba antes. Un candidato brillante que vive a dos horas y acepta un sueldo menor al que tenía es una contratación con fecha de caducidad. Los factores que pesan aquí están en qué buscan realmente los candidatos.
A quién le puedes dar lo que necesita
Este criterio se usa poco y es de los mejores. Si uno de los dos quiere aprender a manejar equipos y en seis meses vas a necesitar un coordinador de turno, ahí hay un encaje que beneficia a ambos. Si el otro quiere estabilidad y horario fijo y eso es exactamente lo que ofreces, también. Elegir a quien tu empresa puede satisfacer es la forma más simple de que la contratación dure.
La prueba práctica: desempatar con evidencia
Cuando la entrevista no alcanza, la prueba práctica alcanza casi siempre. Ver a alguien hacer una versión pequeña del trabajo dice más que tres conversaciones.
Para que funcione y no espante a los candidatos, tiene que cumplir cuatro condiciones:
- Corta y acotada. Entre treinta minutos y dos horas. Si necesitas un día completo de trabajo, entonces págalo.
- Igual para los dos. Mismo enunciado, mismo tiempo, mismos datos. Sin esto no hay comparación posible.
- Parecida al trabajo real. Un caso que ocurrió el mes pasado, no un acertijo. Para un vendedor, atender una objeción real de un cliente. Para un asistente contable, cuadrar un lote de comprobantes con un error escondido. Para un supervisor, decidir qué hacer con un turno incompleto.
- Con criterio de evaluación escrito antes. Define en tres puntos qué vas a mirar. Si lo defines después de ver los resultados, vas a justificar la preferencia que ya tenías.
Y una advertencia ética que además es práctica: no uses la prueba para que te resuelvan gratis un trabajo real y facturable. Se nota, se comenta y arruina la reputación que describimos en cómo atraer talento con una buena marca empleadora.
Fíjate menos en el resultado final y más en el proceso: qué preguntó antes de empezar, cómo ordenó el trabajo, qué hizo cuando le faltó un dato. Un candidato que pregunta lo correcto antes de arrancar vale más que uno que entrega rápido algo equivocado.
Las referencias, bien hechas
Casi todo el mundo pide referencias y casi nadie las aprovecha, porque se hacen mal: se llama al número que el candidato dio, se pregunta si era buen trabajador, contestan que sí, y se cuelga sin haber aprendido nada.
A quién llamar
Pide hablar con el jefe directo, no con recursos humanos ni con un compañero. El jefe directo es el único que vio el desempeño de cerca. Y avisa al candidato antes de llamar: si todavía trabaja en la empresa anterior, una llamada sorpresa puede costarle el puesto y a ti el candidato.
Qué preguntar
Las preguntas de sí o no no sirven. Estas sí:
- ¿En qué parte del trabajo era claramente mejor que el resto?
- ¿En qué parte necesitaba apoyo o supervisión?
- ¿Cómo reaccionaba cuando había presión o un error propio?
- ¿Qué tipo de jefe le funciona mejor?
- Si tuviera una vacante parecida hoy, ¿lo volvería a contratar?
La última es la más reveladora, y no por el sí o el no sino por el tiempo que tarda en responder. Presta atención también a los silencios y a las respuestas demasiado breves: un exjefe que evita entrar en detalle te está diciendo algo sin querer decirlo.
Encaje con el equipo, sin que sea «me cae bien»
El encaje cultural es un criterio legítimo y también la excusa favorita para decisiones sesgadas. La diferencia está en cómo lo defines.
«Encaja con el equipo» no debería significar que se parece a los que ya están, que estudió donde estudiaron ellos o que le gusta el mismo deporte. Un equipo compuesto por personas idénticas no es un buen equipo. Encaje quiere decir cosas verificables: si el trabajo exige coordinar con otras áreas, que sepa hacerlo; si el equipo es autónomo y no hay supervisión constante, que funcione sin que lo estén revisando; si el ritmo es de atención al público, que aguante ese ritmo.
Una forma honesta de evaluarlo es hacer que el finalista converse veinte minutos con dos personas del equipo con las que va a trabajar, y pedirles después una opinión concreta: no «¿te cayó bien?» sino «¿le confiarías el turno del sábado?». La respuesta cambia mucho.
Criterios que conviene descartar
- La edad, salvo que exista un requisito legal explícito para el puesto.
- El distrito donde vive, más allá del tiempo real de traslado, que sí es un dato operativo válido.
- La universidad o instituto, cuando el puesto no lo exige.
- La situación familiar, los hijos o los planes personales.
- La impresión general de «esta persona me da más confianza» sin poder decir por qué.
Ese último punto es el más peligroso, porque suena a criterio y no lo es. Si no puedes escribir la razón en una línea, no es una razón: es una preferencia. Varios de los tropiezos habituales están recogidos en los errores más comunes al contratar personal.
Una matriz de desempate en cinco minutos
Si después de todo lo anterior siguen empatados, escribe esta tabla en una hoja y complétala con los dos nombres. Puntúa del 1 al 5 y no permitas empates dentro de cada fila: obligarte a inclinar cada criterio es justamente lo que rompe el bloqueo.
| Criterio | Peso | Candidato A | Candidato B |
|---|---|---|---|
| Resuelve el objetivo de los próximos seis meses | Alto | ||
| Tiempo hasta ser productivo | Alto | ||
| Resultado de la prueba práctica | Alto | ||
| Referencias del jefe directo | Medio | ||
| Riesgo de salida en los primeros meses | Medio | ||
| Encaje con la forma de trabajo del equipo | Medio | ||
| Lo que la empresa puede ofrecerle a futuro | Bajo |
La tabla no decide por ti; ordena la conversación. Si el resultado te incomoda, ese malestar también es información: significa que hay un criterio que te importa y que no pusiste en la lista. Escríbelo y vuelve a puntuar.
Qué hacer con el candidato que no elegiste
Aquí se separa la empresa que contrata bien de la que solo contrata. Ese finalista invirtió tiempo, viajó, hizo una prueba y llegó hasta el final. Merece una llamada, no un silencio.
La llamada dura tres minutos: agradécele, dile que la decisión fue muy pareja, menciona una fortaleza concreta que viste y sé honesto sobre por qué se inclinó la balanza. No inventes un defecto para justificar el no. Si te gustaría considerarlo más adelante, dilo y pregúntale si puedes escribirle cuando se abra algo similar.
Esto no es cortesía decorativa, es cálculo. Ese candidato puede ser tu primera llamada si el elegido no supera el periodo de prueba, algo que ocurre más seguido de lo que uno quisiera. Puede recomendarte a alguien de su círculo. Puede volver en dos años con más experiencia. Y va a contar cómo lo trataste, en un rubro donde todos se conocen. Un finalista bien despedido es una de las mejores inversiones de reputación disponibles, y no cuesta nada.
Un detalle final: cierra con el elegido antes de descartar formalmente al otro. Haz la oferta, confirma que la acepta por escrito, acuerda fecha de ingreso. Recién entonces avisa al segundo. Y ojo con el exceso de confianza: mientras no haya un sí firme, sigues teniendo dos finalistas.
Preguntas frecuentes
¿Puedo contratar a los dos si ambos son muy buenos?
Solo si existe trabajo real para los dos y presupuesto sostenible para mantenerlos. Contratar a alguien porque era bueno, sin un puesto definido, termina mal casi siempre: la persona pasa meses sin funciones claras, se frustra y se va, y encima queda con mala impresión de la empresa. Si de verdad hay volumen para dos, defínelo antes de ofrecer, con funciones y objetivos distintos para cada uno.
¿Es válido elegir al que pide menos sueldo?
Es un criterio legítimo solo cuando todo lo demás está realmente empatado y la diferencia es significativa para tu presupuesto. El problema es que suele salir caro: el que aceptó menos de lo que vale sigue mirando avisos y se va cuando aparece la oferta que sí paga lo suyo, y entonces vuelves a empezar el proceso. Si la diferencia es pequeña, elige por capacidad y paga lo que corresponde.
¿Cuánto tiempo puedo hacer esperar a los finalistas?
Una semana desde la última entrevista es lo máximo razonable, y conviene decirles desde el inicio cuándo tendrán respuesta. Si necesitas más tiempo, escríbeles igual para avisar que el proceso sigue y darles una nueva fecha. El silencio prolongado es lo que los pierde, más que la demora en sí.
¿Sirve una tercera entrevista para desempatar?
Rara vez. A partir de la tercera conversación empiezas a escuchar respuestas ensayadas y a confirmar la impresión que ya tenías. Si necesitas más información, cambia el formato en vez de repetirlo: una prueba práctica, una conversación con el equipo o una llamada de referencias aportan datos nuevos, mientras que otra entrevista casi siempre aporta más de lo mismo.
¿Y si me equivoco al elegir?
Va a pasar alguna vez, y por eso existe el periodo de prueba que contempla la legislación laboral peruana al inicio de la relación de trabajo, cuya duración conviene verificar en la normativa vigente del Ministerio de Trabajo según el tipo de puesto. Lo importante es usar esas primeras semanas de verdad: define objetivos claros para el primer mes y revisa el avance en fechas fijas, en lugar de esperar a que el problema sea evidente para todos.
Decide rápido y cierra bien
Un empate entre dos buenos candidatos se rompe con tres cosas: un objetivo escrito, una prueba pequeña del trabajo real y una llamada de referencias hecha con preguntas abiertas. Todo lo demás es dar vueltas. Y cuando decidas, trata al segundo como te gustaría que trataran a alguien de tu familia en su lugar. Si publicas tus vacantes en Empleum para empresas, los postulantes llegan con su CV completo y su historial visible desde el primer día, así que llegas a esta etapa con información suficiente para comparar en serio y con el tiempo que necesitas para cerrar antes de que otro se te adelante.