Consejos para postular
Cómo crear una red de contactos
Casi todo el mundo busca contactos el día que se queda sin trabajo, y ese es el peor momento. Cómo hacer el inventario de la red que ya tienes, reactivar a alguien de hace tres años sin sonar interesado, conocer gente nueva en ferias y gremios, y pedir ayuda cuando toca.
El momento en que la mayoría descubre que necesita contactos es el peor posible: el día que se quedó sin trabajo. Abre el celular, revisa la agenda y se da cuenta de que las últimas cincuenta conversaciones son con la misma gente de siempre. Entonces empieza a escribirle a nombres que no toca hace años, y todos los mensajes suenan igual de incómodos, porque todos dicen lo mismo debajo: necesito algo.
Una red no se arma en una semana. Se arma antes, cuando no necesitas nada de nadie, que es exactamente cuando nadie la arma. Lo que viene no es teoría de networking: son acciones concretas, con los mensajes escritos, que puedes empezar esta semana.
Hacer contactos no es aprovecharse de la gente
Hay que desarmar esto primero, porque frena a la mitad de la gente. En el Perú «tener contactos» suena a vara, a que a alguien le dieron el puesto por ser sobrino de. Como nadie quiere ser eso, muchos deciden entrar solo por méritos y no le escriben a nadie.
Son dos cosas distintas. La vara es que te den el puesto sin que califiques. La red es que te enteres de que el puesto existe. Después igual pasas la entrevista con Recursos Humanos, la del jefe del área, la prueba y las referencias, como todos. Nadie contrata a un mal candidato por hacerle un favor a un amigo: eso le explota al que refirió.
Mira el otro lado del mostrador. Cuando a un jefe se le abre una vacante, lo primero que hace no es publicar el aviso: pregunta en su equipo si conocen a alguien, porque le ahorra semanas de filtro. Muchas empresas hasta pagan un bono al trabajador que refiere a alguien que pasa el periodo de prueba. Pasarle un buen candidato a un conocido no es pedirle un favor: es resolverle un problema.
Y hay un caso que conviene separar de una vez: si hoy estás sin trabajo y sientes que no conoces a nadie a quien escribirle, esa situación tiene su propia ruta y está resuelta aparte en cómo encontrar trabajo sin tener contactos. Este artículo es para lo otro: construir la red antes, con calma, para no llegar a ese punto.
Haz el inventario de la red que ya tienes
Casi todos creen que su red son las cinco personas con las que hablan por WhatsApp esta semana. Tu red es toda la gente que, si le escribes, va a saber quién eres. Esa lista es mucho más larga de lo que parece y escribirla toma cuarenta minutos.
Abre una hoja de cálculo con cuatro columnas: nombre, dónde trabaja, de dónde lo conoces y hace cuánto que no hablan. Llénala recorriendo estas fuentes una por una. La mayoría llega a cuarenta o sesenta nombres y se sorprende.
| De dónde sale | Nombres que casi siempre se olvidan | Qué te puede dar |
|---|---|---|
| Trabajos anteriores | Tu jefe directo, el jefe de otra área, el practicante que hoy es coordinador | Referencias y el aviso interno antes de que se publique |
| Tu empresa de hoy, fuera de tu área | Contabilidad, logística, sistemas, almacén, la gente de planta o de tienda | Vacantes de otras sedes |
| Clientes y proveedores | El vendedor que te visita cada mes, tu contacto en el cliente, el técnico | Son los que más rotan y ven todo el rubro |
| Instituto y universidad | Compañeros de ciclo, el grupo de la promoción, profesores, jefe de prácticas | Los avisos de la bolsa de la institución |
| Cursos y capacitaciones | Compañeros del diplomado, del curso de Excel, del taller de un proveedor | Tu mismo oficio en otras empresas, y datos de sueldos |
| Colegio y barrio | Excompañeros de colegio, vecinos, el grupo del deporte, la parroquia | Rubros distintos, donde están las vacantes que no ves |
| Familia extendida | Primos, cuñados, tíos, y sobre todo dónde trabaja cada uno | Presentaciones directas, sin filtro |
| Gremios y grupos del sector | Colegio profesional, gremio del rubro, grupos de WhatsApp del oficio | Quién está contratando y cuánto está pagando |
Cuando termines, marca a los que no contactas hace más de un año. Esa es tu lista de reactivación y la más valiosa que tienes: gente que ya te conoce trabajando y a la que no necesitas convencer de nada. Solo hay que volver a hablarle.
Cómo reactivar a un contacto de hace tres años
Aquí está el nudo. Todo el mundo sabe que debería escribirle a Rocío, con quien trabajó cuatro años en la misma área, y nadie lo hace, porque el único mensaje que se le ocurre es el peor de todos:
«Hola Rocío, tanto tiempo, ¿cómo estás? Oye, ¿sabes de alguna vacante? Te paso mi CV.»
Ese mensaje es incómodo porque mezcla el saludo con el pedido en la misma línea, y deja claro que el saludo era el envoltorio. Se responde con un «claro, cualquier cosa te aviso» que no significa nada.
La versión que sí funciona hace tres cosas: reconoce el tiempo sin disculparse en exceso, trae un recuerdo concreto y compartido, y no pide absolutamente nada.
«Hola Rocío, ¿cómo estás? Te escribo después de un buen tiempo. Estaba armando un reporte de cierre y me acordé de la plantilla que hicimos juntos en la última campaña; hasta hoy la sigo usando. ¿Cómo te va en tu nuevo trabajo? Vi que ahora estás en planeamiento.»
Ese mensaje se responde. Y la conversación que se abre ahí es de dos o tres intercambios, sin agenda. Ahí termina el primer contacto. No pidas nada todavía, aunque estés buscando: el pedido viene después, y viene mejor.
El café de veinte minutos
Dos o tres semanas después viene el segundo paso: pedir tiempo, no favores.
«Rocío, ¿tendrás veinte minutos esta semana o la próxima? Quiero entender cómo está el área de planeamiento en empresas del rubro y tú lo ves de cerca. Te llamo cuando te quede cómodo, o si prefieres nos tomamos un café por tu oficina.»
Poner el límite de tiempo cambia todo: veinte minutos los tiene cualquiera, «juntémonos a conversar» no los tiene nadie. Llega con tres preguntas preparadas, no con tu currículum: qué está cambiando en su área, qué perfiles están costando conseguir y con quién más valdría la pena conversar. Esa última es la que multiplica la red: de una conversación salen dos nombres nuevos. Si no te responde, manda una sola reiteración a los diez días y ahí lo dejas.
Dónde se conoce gente nueva en el Perú real
La red heredada se agota. En algún momento hay que sumar gente que no te conoce, y eso no pasa en internet: pasa en sitios físicos donde la gente de tu oficio coincide por otra razón.
- Colegios profesionales y gremios. Si eres ingeniero, contador, enfermero, abogado o arquitecto, tu colegio tiene charlas, cursos cortos, comités por especialidad y muchas veces bolsa de trabajo propia. La cuota la pagas igual; lo que casi nadie usa es el resto.
- Ferias y ruedas de negocio del rubro. Ferias de proveedores, expos sectoriales, ruedas de la cámara de comercio de tu ciudad. Entras como visitante y en dos horas conversas con veinte empresas de tu sector.
- Cursos presenciales. Lo que dura más que el certificado es la gente de la mesa: quince personas de quince empresas distintas, del mismo oficio, conversando durante tres meses.
- Capacitaciones de proveedores y fabricantes. El fabricante del equipo, del software o del material dicta charlas gratuitas para sus usuarios. Ahí está justo quien hace lo que tú haces, en otras empresas.
- Grupos de WhatsApp y Telegram del sector. Existen para casi todo oficio: técnicos de refrigeración, asistentes contables, docentes. Se entra por invitación de alguien que ya está adentro, así que vale pedirlo.
- Voluntariado y actividades del barrio. Junta vecinal, campañas, el equipo de fulbito, la parroquia. Suena lejano al trabajo y es donde aparecen las vacantes de rubros que nunca mirarías.
Estando ahí, la regla es simple: no repartas tu CV. Nadie quiere recibir un currículum de un desconocido en un pasillo. Lo que sí funciona es preguntar. «¿En qué empresa estás? ¿Y cómo les está yendo con el tema del que habló el expositor?» Escuchas más de lo que hablas y te quedas con el nombre completo y el celular.
El paso que casi nadie da es el de después. Dentro de las cuarenta y ocho horas, un mensaje corto:
«Hola Julio, soy Marcela, nos conocimos ayer en la charla del colegio. Me quedé pensando en lo que contaste sobre el problema con las entregas en provincia. Te dejo mi contacto por si en algún momento te sirve algo de mi lado; yo veo compras y homologación de proveedores.»
Sin ese mensaje, la conversación del pasillo se borra en una semana. Con ese mensaje, dentro de un año esa persona sabe quién eres.
Dar antes de pedir, aunque recién empieces
La objeción más común es: «yo no tengo nada que ofrecer, recién estoy empezando». Es falsa casi siempre, y se cae con ejemplos.
- Pasar una vacante que a ti no te sirve. El aviso pide cinco años y tú tienes uno, pero conoces a alguien que sí califica. Cuesta treinta segundos y se recuerda por años.
- Presentar a dos personas entre sí. Es lo más valioso que puedes dar y no cuesta nada: «Ana, te presento a Carlos, que hace justo el tipo de instalación que buscabas. Los dejo por acá.»
- Dar el dato. El taller que sí cumple, la empresa que hace el servicio a buen precio, el instituto donde dictan el curso que esa persona necesita.
- Compartir lo que aprendiste. Si fuiste a una charla, manda el resumen en cinco líneas al grupo. Si resolviste un problema raro, cuenta cómo lo resolviste.
- Prestar la habilidad que sí tienes. Armar la tabla dinámica, revisar la redacción del aviso, arreglar el formato del CV al hijo de un vecino, ayudar con el volante del negocio de un conocido.
- Recomendar en serio. Cuando un conocido hace bien un trabajo, decirlo por escrito y en público vale mucho más que un like.
- Responder rápido. Quien contesta el mismo día se vuelve el primer nombre en el que los demás piensan.
Lo que no cuenta como dar: reaccionar a publicaciones, felicitar por cadena y mandar buenos deseos genéricos en diciembre. Eso no lo registra nadie.
Cómo pedir ayuda cuando por fin la necesitas
Llegó el momento: te quedaste sin trabajo o decidiste moverte. Ahora sí toca pedir, y hay una forma que funciona y otra que no.
La que no funciona es la vaga: «Estoy buscando trabajo, cualquier cosa que sepas me avisas.» Nadie sabe qué hacer con eso. La persona te aprecia, quiere ayudarte y no tiene idea de a qué postulas, dónde puedes ir ni qué haces exactamente. El pedido vago se contesta con buena voluntad y cero acción.
La que funciona es específica, fácil de cumplir y da salida honrosa:
«Hola Fernando. Estoy buscando un puesto de asistente de logística o de almacén, en Lima este o el centro, presencial, con cuatro años en distribución de consumo masivo. No te pido que me consigas nada: si en tu empresa se abre algo así, o si se te ocurre alguien del rubro con quien deba conversar, te agradezco el dato. Te dejo mi CV en PDF por si en algún momento te sirve reenviarlo.»
Ese mensaje dice puesto, zona, modalidad y experiencia, así que la otra persona puede reconocer una vacante tuya cuando la vea. Baja el pedido a algo mínimo, adjunta el archivo para que no tenga que pedírtelo y deja abierta la puerta a que no pase nada, que es lo que mantiene la relación intacta si no pasa nada.
Cuando pides un referido interno
Si la vacante es en la empresa donde trabaja tu contacto, el pedido cambia: ahí sí estás pidiendo que ponga su nombre. Se hace de frente y con la puerta de salida abierta.
«Vi que en tu empresa publicaron el puesto de coordinador de almacén, código 4471. Ya postulé por la web esta mañana. ¿Te animarías a registrarme en el sistema de referidos o a avisarle a quien lleva el proceso que trabajamos juntos? Si prefieres no hacerlo, lo entiendo y no lo tomo a mal.»
Postula tú primero, siempre. Pedir que te metan al proceso sin haber postulado por el canal normal pone a tu contacto en una posición fea frente a Recursos Humanos.
Y hay un cierre que casi nadie hace y que decide si esa persona te responderá la próxima vez: contar cómo terminó. «Fernando, quería contarte que entré a la empresa. El dato que me pasaste en marzo fue el que abrió la puerta. Gracias de verdad; cualquier cosa que necesites por mi lado, avísame.» También cuando no resultó. Eso convierte un contacto en una relación.
Cómo mantener la red con media hora a la semana
El problema real no es construir la red, es que se enfría, y no por falta de ganas sino por falta de sistema. Con treinta minutos fijos a la semana alcanza.
Elige un momento y no lo muevas: los viernes de cinco a cinco y media, por ejemplo. En esa media hora mandas tres mensajes, ni uno más. El primero, de reactivación, a alguien de tu lista de los que no hablas hace más de un año. El segundo, de valor: un dato, un aviso, una presentación entre dos personas. El tercero, de reconocimiento: felicitar por un cambio de trabajo, por un ascenso, por un proyecto que salió. Ciento cincuenta contactos al año, sin esfuerzo.
Anota la fecha del último contacto de cada uno, porque la memoria falla y así ves de un vistazo a quién no le hablas hace ocho meses. Aprovecha las excusas legítimas del calendario: el cambio de trabajo de alguien, el cierre de año, un curso que se abrió y le puede interesar. La cadena de fin de año enviada a doscientas personas no funciona; el mensaje individual de cuatro líneas sí.
Dos apoyos que ordenan esto sin robarte tiempo: mantener tu perfil profesional al día para que quien te busque sepa qué haces ahora, tema desarrollado en cómo optimizar tu perfil de LinkedIn, y tener claro por qué te van a recordar, que es de lo que trata cómo construir una marca personal. Si te cuesta arrancar una conversación con alguien que no conoces, ahí ayuda cómo mejorar tu comunicación.
Tu plan de los próximos siete días
Cinco cosas concretas: haz el inventario hasta llegar a cuarenta nombres; manda tres mensajes de reactivación con la fórmula del recuerdo compartido; averigua cuándo es la próxima charla de tu colegio profesional o gremio y anótala; pásale a alguien un dato que le sirva sin que te lo pida; y bloquea los treinta minutos del viernes como una cita que no se cancela.
La red no reemplaza a la búsqueda: la acelera. Revisa qué se publicó esta semana en la bolsa de trabajo y usa tu lista para averiguar quién conoce por dentro a esas empresas antes de postular. Y para que corra también la parte que no depende de ti, deja tu perfil visible con tu puesto, tu distrito y tu disponibilidad: crea tu cuenta y que las empresas te encuentren mientras trabajas tu red.
Preguntas frecuentes
¿Tener contactos es lo mismo que conseguir trabajo por vara?
No. La vara es que te den un puesto sin que califiques para él. La red es que te enteres de que el puesto existe, y después pasas por las mismas entrevistas, la misma prueba y las mismas referencias que todos. Ningún jefe arriesga su propia área recomendando a alguien que no puede hacer el trabajo, porque el error lo paga él. De hecho, muchas empresas pagan un bono al trabajador que refiere a un candidato que pasa el periodo de prueba, justamente porque un referido bueno les ahorra semanas de filtro. Recomendar bien conviene a las dos partes.
¿Cómo le escribo a alguien con quien no hablo hace años sin sonar interesado?
No pidas nada en el primer mensaje. Escribe algo corto que traiga un recuerdo concreto que compartieron en el trabajo o en el estudio, pregunta cómo le va y ahí termina. Dos o tres semanas después, cuando ya hubo un par de intercambios, puedes pedir veinte minutos de conversación para entender cómo está su sector. Poner el límite de tiempo importa: veinte minutos los tiene cualquiera. Llega con tres preguntas preparadas y sin tu currículum en la mano. Si no te responde, manda una sola reiteración a los diez días y déjalo ahí; puede responder en seis meses.
¿Sirve hacer contactos si recién empiezo y siento que no tengo nada que ofrecer?
Sí, y casi siempre tienes más de lo que crees. Puedes pasarle una vacante que a ti no te sirve a alguien que sí califica, presentar a dos personas que se necesitan, dar el dato de un proveedor confiable, compartir el resumen de una charla a la que fuiste, ayudar con una tabla de Excel o con la redacción de un aviso, o responder rápido cuando alguien te pregunta algo. Nada de eso requiere experiencia ni cargo. Lo que no cuenta como aportar es reaccionar a publicaciones y mandar saludos genéricos por cadena en diciembre: eso no lo registra nadie.
¿Cuánto tiempo por semana hay que dedicarle a mantener una red?
Media hora fija alcanza si es realmente fija. Elige un día y una hora, por ejemplo los viernes al final de la tarde, y en ese rato manda tres mensajes: uno a alguien con quien no hablas hace más de un año, uno con algo útil para una persona concreta y uno felicitando por un cambio de trabajo, un ascenso o un proyecto que salió bien. Son unos ciento cincuenta contactos al año sin esfuerzo. Anota en una hoja la fecha del último contacto con cada persona, porque la memoria falla y así ves de un vistazo a quién no le escribes hace meses.