Consejos para postular

Cómo mejorar tu comunicación

Comunicarse bien en el trabajo no es carisma: es que lo que pediste se cumpla. Correos, WhatsApp laboral, reuniones, hablar con tu jefe, coordinar con otras áreas y presentar, con ejemplos malos y buenos de cada uno.

Equipo Empleum 17 min de lectura

Mandaste el correo el lunes. El jueves nadie respondió. Vuelves a escribir, ahora con la palabra «urgente» en el asunto, y sigue sin pasar nada. Cuando por fin llamas por teléfono, la persona te dice que sí lo vio, pero que no entendió qué necesitabas de ella.

Eso no es un problema de carácter ni de simpatía. Comunicarse bien en el trabajo no significa caer bien: significa que lo que pediste se cumpla, que lo que informaste se entienda y que lo que acordaste quede. Es una habilidad operativa, se mide por lo que pasa después y se arregla canal por canal, con material concreto en cada uno.

Lo que se mide cuando se mide la comunicación

Hay una prueba simple para saber si te comunicas bien: cuenta cuántas veces por semana tienes que repetir un pedido, cuántas veces alguien te entrega algo distinto de lo que pediste y cuántas reuniones terminan sin que nadie sepa quién hace qué. Esos tres números son tu diagnóstico, y ninguno depende de tu personalidad.

Casi todos los problemas nacen de dos errores. El primero es enterrar el pedido: escribes seis líneas de contexto y recién al final, en subordinada, aparece lo que necesitas. El segundo es no poner fecha: «cuando puedas» y «apenas tengas un momento» son formas educadas de decir que no corre prisa, y así se procesan.

El tercer error, más de fondo, es usar el canal equivocado. Una mala noticia por WhatsApp, una corrección por correo con copia a tres personas o una decisión importante hablada en el pasillo sin dejar rastro: el contenido puede ser correcto y aun así el resultado sale mal.

Lo que tienes que comunicarCanal correctoPor qué
Un pedido con fecha a otra áreaCorreo, a una persona con nombreQueda rastro y se puede reenviar sin explicar
Algo que se necesita hoy mismoLlamada o mensaje, y correo despuésEl correo solo no garantiza que se lea a tiempo
Una mala noticia o un error tuyoEn persona o por llamada, y luego resumen escritoPor escrito se lee con el peor tono posible
Una corrección a alguienEn persona, a solasUn mensaje de reclamo se relee y se guarda
Lo que se decidió en una reuniónCorreo de cinco líneas el mismo díaSin eso, el acuerdo dura hasta el jueves
Una consulta rápida de dos líneasMensaje directoUn correo para eso genera una cadena innecesaria
Un tema con tres áreas y varias opcionesReunión corta con acuerdos por correoDiscutir alternativas por escrito no termina nunca
Un reclamo o un conflictoConversación a solas, nunca en grupoEn grupo la otra persona se defiende, no escucha

El correo de trabajo: asunto, pedido arriba y fecha explícita

Un correo laboral no es una carta. La persona que lo abre está en otra cosa, lo lee en el celular entre dos reuniones y decide en cuatro segundos si lo atiende ahora, lo deja para después o lo pierde para siempre.

Tres reglas que cambian la tasa de respuesta más que cualquier otra cosa. El asunto dice el tema y la fecha, no la categoría: «Consulta» no es un asunto, «Faltan 2 facturas de Provisur para el cierre del 5» sí lo es. La primera línea contiene el pedido completo, antes de cualquier contexto. Y la fecha límite va con día y hora, con el motivo pegado: no «lo antes posible», sino «el miércoles 12 antes de las 3 p. m., porque a las 4 se cierra el sistema».

Un correo malo y el mismo correo bien escrito

Así se ve el que no se responde:

Asunto: Consulta

Hola, espero que estés muy bien. Te escribo porque estuve revisando el tema del cierre y como sabes estamos en la parte final del mes y hay algunas cosas que todavía no están del todo claras con las facturas de algunos proveedores, en especial con las que vinieron después de la última reunión que tuvimos. Quería ver si podías apoyarme con eso para poder avanzar. Quedo atento a tus comentarios. Saludos cordiales.

Y así se ve el mismo pedido escrito para que se cumpla:

Asunto: Faltan 2 facturas de Provisur — necesito respuesta el mié 12, 3 p. m.

Hola, Karina. Te pido dos facturas de Provisur (F001-2384 y F001-2390) escaneadas, para cerrar el mes.

Fecha límite: miércoles 12 a las 3 p. m. Después de esa hora contabilidad cierra el periodo y se pasan al mes siguiente.

Si las tienes en físico, con una foto legible me sirve. Si no llegaron a tu área, dime y las pido yo a Provisur directamente.

Gracias, Andrea

La diferencia no es de estilo. El segundo dice qué, cuánto, para cuándo, por qué y ofrece una salida si la respuesta es no. Se puede cumplir en dos minutos sin escribir de vuelta.

Cuatro detalles más. En «Para» va quien tiene que actuar; en copia, quien solo necesita enterarse: si mandas a cinco personas «Para», el pedido no es de nadie. Un correo, un tema. Si tienes tres pedidos distintos a la misma persona, manda tres correos con tres asuntos, porque el segundo y el tercero siempre se pierden dentro del primero. Y antes de darle enviar a algo escrito con fastidio, guárdalo y léelo veinte minutos después: los correos molestos se responden con correos peores y quedan archivados para siempre.

WhatsApp laboral: para qué sirve y dónde se rompe

En el Perú buena parte de la coordinación del día pasa por WhatsApp, y no tiene sentido pelearse con eso. Lo que sí conviene es saber qué aguanta y qué no.

Sirve para lo inmediato y lo breve: avisar que llegaste tarde, confirmar una hora, mandar la dirección, preguntar algo de una línea, avisar que la ruta está bloqueada. No sirve para pedidos con detalle, para decisiones que después habrá que demostrar, para correcciones ni para conversaciones difíciles. Un mensaje de corrección se lee cinco veces y siempre con el peor tono imaginable.

Tres hábitos que evitan la mayoría de los problemas. Escribe el mensaje completo en un solo envío, en lugar de mandar siete globos seguidos que hacen sonar el celular de todos. Cuando el tema del grupo se vuelve una conversación de dos, sal a un chat privado. Y lo que se acordó por chat súbelo a un correo el mismo día: «Para dejarlo escrito: quedamos en que el camión sale el jueves 7 a. m. desde el almacén de Ate con la carga de Trujillo.» Un chat de trescientos mensajes no es un respaldo de nada.

Sobre horarios, la regla que sostiene un equipo: si tienes que escribir un domingo o a las once de la noche, di de una vez si es para ahora o para el lunes. «No es urgente, es para que lo veas mañana temprano» es una línea que evita bastante desgaste.

Reuniones y presentaciones: llegar con el punto y no irte por las ramas

Mucha gente sale de una reunión pensando que no la dejaron hablar. Casi siempre lo que pasó es otra cosa: intervino tarde, se fue por las ramas o esperó el momento perfecto que nunca llegó.

Preparar y pedir la palabra

Antes de entrar, escribe en una línea qué quieres que salga de esa reunión: una decisión, un dato, un permiso, una fecha. Si no puedes escribirlo, no tienes punto y vas de oyente, lo cual también está bien. Si sí lo tienes, anota además la cifra o el ejemplo que lo respalda, porque en la reunión no vas a acordarte.

Para entrar a hablar sin pelear el turno, funcionan dos fórmulas. Una para el momento: «Antes de que pasemos al siguiente punto, tengo un dato sobre eso». Otra para cuando ya se te pasó el tema: «Quiero volver treinta segundos al punto de almacén, porque afecta la fecha que acabamos de poner». Anunciar la duración funciona: nadie te interrumpe si dijiste que son treinta segundos.

La estructura de treinta segundos

Cuando te toque, di la conclusión primero y el sustento después. La mayoría hace lo contrario y pierde a la sala en el camino. La forma es esta: «Propongo mover la entrega al 20. Motivo: el proveedor confirmó recién ayer y necesitamos tres días de control de calidad. Si lo dejamos el 17, sale sin revisar.» Conclusión, motivo, consecuencia. Treinta segundos.

Y si no entendiste algo, pregúntalo en la reunión y no en el pasillo: «Para que quede claro de mi lado, ¿el cambio aplica desde este mes o desde el próximo cierre?». La mitad de la sala tenía la misma duda.

Cierra siempre con quién hace qué. Si nadie lo hace, hazlo tú: «Antes de cortar, ¿confirmamos? Yo mando el consolidado el jueves, Miguel habla con el proveedor mañana. ¿Algo más?» Esa costumbre es la que hace que te empiecen a invitar a las reuniones donde se decide, y es también una conducta de mando que suma cuando evalúan a quién ascender, como está desarrollado en cómo desarrollar liderazgo.

Presentar delante de gente sin que se te vaya la voz

Presentar es lo mismo, pero con más gente mirando, y la preparación pesa mucho más que el desenvolvimiento. Empieza por el final: escribe en una frase qué quieres que la sala haga o decida cuando termines, y arma todo hacia ahí. Después ordena en tres bloques —dónde estamos, qué encontramos, qué propongo— y anúncialos al inicio: «son tres puntos y me tomo diez minutos». Eso tranquiliza a la sala y sobre todo te tranquiliza a ti, porque ya sabes cuándo termina. Sobre las láminas: pocas, un mensaje por lámina, y el número que quieres que recuerden solo en su propia lámina; nadie lee párrafos proyectados mientras tú hablas.

Y sobre los nervios, tres cosas concretas y una honesta. Ensaya en voz alta dos veces con cronómetro, porque leer mentalmente no entrena nada. Ten la primera frase preparada palabra por palabra, que es donde se traba todo el mundo. Cuando te pregunten algo que no sabes, di «no lo tengo ahora, lo confirmo y te lo mando hoy», y mándalo: eso suma más que inventar. Y la honesta: los nervios no se van, se vuelven manejables con repetición. La quinta vez que presentas ya no es la primera.

Hablar con tu jefe: informar, pedir y dar una mala noticia

Tres conversaciones distintas que la gente mezcla, y cada una tiene una forma que funciona mejor.

Informar un problema sin que suene a excusa

La diferencia entre un problema y una excusa es lo que traes además del problema. Llegar con «no pude terminar el reporte porque el sistema estuvo caído» es una excusa aunque sea verdad, porque deja todo el trabajo del otro lado.

La versión que funciona tiene cuatro partes y cabe en un minuto: qué pasó, qué impacto tiene, qué ya hiciste y qué necesitas de él. «El sistema estuvo caído desde las diez y el reporte de ayer no salió. Impacto: gerencia no tiene el dato de ventas del martes. Ya pedí el ticket a soporte y armé la mitad a mano con los datos de caja. Necesito que me digas si prefieres el reporte completo mañana al mediodía o la mitad hoy a las seis.» Ese último tramo —dos opciones y una pregunta— es lo que convierte un reclamo en una gestión.

La otra regla: avisa temprano. Un problema informado el martes es un tema; el mismo problema informado el viernes a las seis es una crisis, y encima parece que lo escondiste.

Pedir algo

Para pedir permiso, presupuesto, una herramienta o un cambio de horario, el orden es: qué pides, para qué sirve, qué cuesta y qué pasa si no. «Quiero pedirte dos cosas para el cierre: que Karina me apoye dos tardes y que aprobemos la licencia del programa de reportes, que son ochenta soles al mes. Con eso el cierre sale el día 3 en vez del 8. Si no, seguimos armándolo a mano y va a seguir saliendo tarde.»

Elige el momento: no le pidas a alguien que acaba de salir de una reunión de resultados. Y si el pedido es de plata o de tiempo de otra persona, escríbelo después en dos líneas por correo para que él pueda reenviarlo hacia arriba sin volver a explicarlo. Si lo que vas a pedir es un aumento, la conversación tiene su propia preparación y está desarrollada en cómo pedir un aumento de sueldo.

Dar una mala noticia

Se dice primero y completa. Nada de rodeos de tres minutos: el otro ya se dio cuenta de que algo pasa y lo único que consigues es que se imagine algo peor. «Te tengo una mala: perdimos la cuenta de Rímac. Me lo confirmaron hoy a las once.» Y recién ahí el detalle, lo que hiciste y lo que propones.

Si el error fue tuyo, dilo sin adornarlo y sin repartirlo. «Me equivoqué yo: mandé la lista de precios vieja al cliente. Ya lo llamé, le expliqué y acepta el precio nuevo desde el próximo pedido. Para que no se repita, voy a dejar una sola versión vigente en la carpeta compartida y borrar las anteriores.» Un error reconocido rápido y con la corrección puesta encima cuesta mucho menos que uno descubierto por otro dos semanas después.

Coordinar con otras áreas: cómo se escribe un pedido que sí se cumple

Cuando pides algo a otra área no tienes autoridad, tienes prioridad. La tuya compite con la de ellos, y la de ellos siempre va a ganar salvo que hagas dos cosas: bajarle el costo al pedido y hacerle visible el motivo.

Un pedido bien armado a otra área tiene seis piezas: a quién, qué exactamente, en qué formato, para cuándo con hora, para qué sirve y qué haces tú si no llega. Compara el clásico «necesito que me pasen la información de ventas» con esto: «Marco, para el consolidado que ve gerencia el 5, necesito de tu lado dos datos del mes: unidades vendidas y devoluciones, en el mismo cuadro del mes pasado. Si me lo dejas el 3 hasta el mediodía, yo armo el resto y ustedes no tienen que entrar al reporte. Si no llega, mando el consolidado con el dato del sistema, que suele estar desfasado.»

Cuatro cosas más que funcionan entre áreas. Escribe a una persona con nombre, no a un buzón ni a una lista. Pide lo mínimo suficiente: cada dato extra que pides baja la probabilidad de que llegue todo. Cuando cumplen, reconócelo por escrito con el jefe de esa área en copia, porque la próxima vez respondes primero en su lista. Y si algo se traba dos veces seguidas, deja de escribir y llama: cinco minutos de teléfono resuelven cadenas de once correos.

Escuchar es la mitad del trabajo

Se habla mucho de expresarse y poco de lo otro, que es donde se pierde la mayor parte de la información. Escuchar bien en el trabajo no es poner cara de interés: son tres conductas medibles.

La primera es preguntar para confirmar antes de arrancar: «Para asegurarme: ¿quieres el reporte de las tres tiendas o solo de Miraflores?». Treinta segundos ahí ahorran dos días de trabajo equivocado. La segunda es repetir el acuerdo con tus palabras al final de la conversación: «Entonces quedamos en que yo mando el archivo el jueves y tú lo revisas antes del viernes al mediodía. ¿Correcto?». La tercera es tomar nota delante de la persona, que además tiene un efecto colateral: la gente da instrucciones más precisas cuando ve que las están anotando.

Decir que no sin quedar mal

En el trabajo peruano decir que no cuesta, y por eso se dice que sí a todo y después se incumple, que es peor. La salida no es negarse: es negociar la prioridad y devolverle la decisión a quien la puede tomar.

Con tu jefe, el guion es este: «Puedo hacerlo, pero tengo el cierre de caja y el reporte de gerencia para el mismo jueves. ¿Cuál prefieres que salga primero?». No estás diciendo que no; estás mostrando el costo y dejando que él ordene. Con un par de otra área: «Esta semana no me da; puedo tenerlo el martes. Si lo necesitas antes, habla con mi jefa para que priorice.» Y para un pedido que definitivamente no te corresponde: «Eso lo maneja Logística, no lo tengo yo. Te paso el contacto de Marco, que es quien lo lleva.»

Lo que nunca funciona es el sí ambiguo. «Voy a ver qué puedo hacer» se registra como un compromiso del otro lado, y cuando no llega, el que queda mal eres tú.

Decir «no entendí» sin que parezca que no sabes

El miedo a preguntar es caro: gente que hace tres días de trabajo equivocado por no aclarar una frase. Y hay una forma de preguntar que no te expone.

En lugar de «no entendí», di lo que sí entendiste y pregunta por el borde: «Entiendo que hay que rehacer el cuadro con los datos de agosto. Lo que no me queda claro es si incluimos las devoluciones o no.» Eso demuestra que estuviste siguiendo y acota la duda a un punto. Otra fórmula útil, sobre todo con clientes o con gerencia: «Déjame repetirte cómo lo entendí y me corriges». Nadie va a pensar que no sabes; van a pensar que eres cuidadoso.

Todo esto se nota antes de que te contraten: la mayor parte de una entrevista es exactamente esto —explicar un caso en dos minutos, responder lo que te preguntaron y confirmar lo que entendiste—, y por eso vale la pena practicarlo en el trabajo de hoy. Si estás buscando puesto, la misma disciplina aplica al escribir un correo de postulación; mira qué se está publicando en la bolsa de trabajo y deja tu perfil visible para que te contacten desde tu cuenta, con un CV que se lea en diez segundos y que puedes armar gratis en crea tu CV.

Preguntas frecuentes

¿Cómo escribo un correo de trabajo para que me respondan?

Pon en el asunto el tema y la fecha, no una categoría como «Consulta»: algo del tipo «Faltan 2 facturas para el cierre del 5». En la primera línea va el pedido completo, antes de cualquier contexto, y dirigido a una sola persona con nombre. Después la fecha límite con día y hora, y el motivo pegado a esa fecha. Cierra ofreciendo una alternativa por si la respuesta es no. Un correo, un tema: si tienes tres pedidos distintos, manda tres correos, porque el segundo y el tercero siempre se pierden dentro del primero.

¿Cómo le digo a mi jefe que no puedo con algo sin quedar mal?

No lo plantees como una negativa, plantéalo como una prioridad que él tiene que decidir. La fórmula es mostrar lo que ya tienes comprometido y devolverle la elección: «puedo hacerlo, pero tengo el cierre de caja y el reporte de gerencia para el mismo día, ¿cuál prefieres que salga primero?». Con eso no estás rechazando el encargo, estás haciendo visible el costo. Lo que sí conviene evitar es el sí ambiguo del tipo «voy a ver qué puedo hacer», porque del otro lado se registra como compromiso y el que queda mal cuando no llega eres tú.

¿Qué cosas no deberían tratarse por WhatsApp en el trabajo?

Correcciones, malas noticias, conflictos y cualquier decisión que después haya que demostrar. Un mensaje de reclamo se relee varias veces y siempre se interpreta con el peor tono posible, además de quedar guardado. WhatsApp funciona bien para lo inmediato y breve: confirmar una hora, avisar un retraso, mandar una dirección, una consulta de una línea. Si algo se acordó por chat, súbelo el mismo día a un correo de dos líneas para que exista un respaldo real, porque una conversación de trescientos mensajes no sirve como constancia de nada.

¿Cómo pregunto algo que no entendí sin quedar mal delante de todos?

Di primero lo que sí entendiste y pregunta solo por el borde que te falta: «entiendo que hay que rehacer el cuadro con los datos de agosto; lo que no me queda claro es si incluimos las devoluciones». Eso muestra que venías siguiendo y reduce la duda a un punto concreto. Otra fórmula que funciona con clientes o con gerencia es «déjame repetirte cómo lo entendí y me corriges». Preguntar en el momento cuesta treinta segundos; no preguntar cuesta días de trabajo rehecho, y eso sí se nota.

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