Consejos para postular

Cómo definir objetivos profesionales

Convertir una dirección en objetivos que se puedan verificar. Por qué «quiero crecer» no es un objetivo, la estructura de uno que sí sirve, objetivos de hábito frente a los de resultado, cuántos sostener a la vez y cómo se hace la revisión de cada tres meses.

Equipo Empleum 13 min de lectura

Aclaremos algo antes de empezar: esto no es el objetivo profesional que va en la cabecera del currículum. Si lo que buscabas es esa línea de dos renglones que lee el reclutador, está resuelta en cómo redactar un objetivo profesional. Lo de aquí es otra cosa: los compromisos con fecha que te llevan de donde estás a donde decidiste ir.

Y ese es el punto donde casi todos los planes de carrera se caen. Tienes clara la dirección, sabes qué te falta, y en enero escribes «este año quiero crecer». En diciembre estás exactamente igual, no porque no hayas trabajado, sino porque «crecer» no es algo que se pueda hacer un martes a las siete de la noche. Un objetivo que no se puede verificar no es un objetivo: es una intención con buena voluntad.

Por qué «quiero crecer» y «quiero ganar más» no sirven

Las dos frases fallan por lo mismo: no se puede saber si se cumplieron. Si a fin de año te subieron cien soles, ¿ganaste más? Técnicamente sí. ¿Era eso? Claramente no. Si te dieron una función nueva pero el mismo sueldo, ¿creciste? No hay forma de responder, y lo que no se puede responder tampoco se puede corregir a mitad de camino.

Hay un segundo problema, más práctico: ninguna de las dos te dice qué hacer mañana. Un objetivo útil siempre termina en una acción de esta semana. Si al leerlo no sabes qué hacer el lunes, está mal escrito.

Así se reescriben las frases que más se repiten.

Lo que se escribe normalmentePor qué no funcionaCómo se reescribe
Quiero crecer profesionalmenteNo se puede verificar ni empezarPasar de asistente a analista de compras antes de julio, dentro o fuera de mi empresa
Quiero ganar másCien soles también son másLlegar a un ingreso mensual de S/ 3.200 en planilla antes de diciembre
Quiero mejorar mi ExcelNo hay punto de llegadaArmar el reporte de ventas con tablas dinámicas y que mi jefe lo use sin corregirlo, para el 30 de mayo
Quiero tener más contactosNo dice cuántos ni de dóndeConversar con dos personas nuevas de mi rubro cada mes y quedarme con su contacto
Quiero que me tomen más en cuentaDepende de otros y no se midePresentar yo el reporte del área en la reunión mensual desde abril
Quiero cambiar de trabajoNo dice a qué ni cómo se avanzaTener tres entrevistas para supervisor de tienda antes de fin de agosto

Fíjate en lo que tienen en común las de la derecha: todas se pueden responder con un sí o un no en una fecha concreta. Esa es toda la prueba.

Las cuatro partes de un objetivo que sirve

Un objetivo bien escrito ocupa dos líneas y tiene exactamente cuatro partes. Si le falta una, se cae.

  • Qué. El cambio concreto, con nombre de cargo, cifra, entregable o número de veces. Nada de verbos vagos como mejorar, potenciar o fortalecer.
  • Para cuándo. Una fecha, no «este año». Sin fecha, todo se posterga al mes siguiente sin que nadie lo note.
  • Cómo se sabe que se cumplió. La evidencia que vas a poder mostrar: un correo, un archivo, un contrato, una boleta, tres respuestas de reclutadores. Si la prueba es «me siento distinto», no hay prueba.
  • Qué toca esta semana. La acción inmediata, con día y hora. Es la parte que casi todos se saltan y la única que hace que el objetivo se mueva.

Un ejemplo completo, de Alberto, almacenero en una distribuidora de Ate: «Quiero manejar el módulo de inventarios del sistema sin ayuda (qué), antes del 31 de julio (cuándo). Sabré que se cumplió cuando cierre el inventario de junio yo solo y mi jefe lo apruebe sin corregirlo (evidencia). Esta semana, el jueves después del turno, le pido a Elmer que me deje sentarme con él en el cierre de mayo (acción).»

Dos líneas y ya sabes qué hacer el jueves. Eso es un objetivo.

Objetivos de resultado y objetivos de hábito

Hay una distinción que evita mucha frustración. Un objetivo de resultado es un destino: el ascenso, el sueldo, el puesto nuevo, el certificado. Un objetivo de hábito es una conducta repetida: dos postulaciones bien hechas por semana, una hora de curso los martes y jueves, un café al mes con alguien de otra área.

El resultado es lo que quieres, pero no lo controlas del todo. El ascenso depende de que se abra la vacante. La oferta depende de que la empresa decida. El aumento depende del presupuesto del área. Puedes hacer todo bien y no conseguirlo este semestre, y ahí es donde la gente se desanima y bota el plan entero.

El hábito sí lo controlas al cien por ciento. Nadie te puede impedir mandar tres postulaciones el martes ni sentarte una hora con el curso. Por eso al principio conviene apoyarse en los hábitos: te dan una victoria cada semana mientras el resultado tarda seis meses en aparecer. La regla práctica es tener un objetivo de resultado como norte y dos de hábito que lo alimenten.

Ejemplo del par completo. Resultado: «Conseguir un puesto de supervisor de tienda antes del 30 de setiembre.» Hábitos: «Martes y jueves de 8 a 9 de la noche, revisar avisos nuevos y mandar dos postulaciones adaptadas» y «el primer viernes de cada mes, escribirle a un contacto del rubro para tomar un café.» Si en setiembre no llegó el puesto, no fracasaste: tienes ocho meses de postulaciones y ocho conversaciones nuevas, y el resultado está mucho más cerca que en enero. Para que ese bloque fijo de la semana sobreviva a las urgencias, ayuda tener la agenda ordenada como se explica en cómo organizar mejor tu tiempo.

Cuántos objetivos se pueden sostener a la vez

Tres, contando resultado y hábitos. Uno de resultado y dos de hábito es la carga que aguanta una persona que además trabaja ocho o diez horas diarias, se moviliza dos horas y tiene familia.

Con cinco o seis objetivos pasa siempre lo mismo: las dos primeras semanas todo avanza, la tercera empieza a caerse el que menos urgencia tiene, y al mes y medio no queda ninguno en pie. No es falta de disciplina, es aritmética de horas. Si tienes cinco cosas que quieres lograr este año, ponlas en orden y trabaja las tres primeras este semestre; las otras dos entran en el siguiente y no se pierden, solo esperan.

Hay una excepción: los objetivos que van juntos y se empujan. Sacar el certificado de Excel y armar el reporte nuevo del área son dos cosas, pero la segunda es la práctica de la primera. Eso cuenta como uno.

Tres ejemplos completos, de gente distinta

Yesenia, cajera en un supermercado de San Juan de Lurigancho

Quiere pasar al área administrativa. Su objetivo de resultado: «Entrar a un puesto administrativo, sea en esta cadena o en otra empresa, antes del 31 de diciembre. Sabré que se cumplió cuando tenga un contrato firmado con un cargo distinto al de cajera.» Sus dos hábitos: terminar el curso técnico de asistente administrativo del instituto los sábados de nueve a una, sin faltar más de dos veces en el ciclo; y una vez al mes, pedirle a la administradora de tienda alguna tarea de apoyo en cuadres o en el reporte de caja, aunque sea después del turno. La acción de esta semana: hablar el viernes con la administradora y pedirle ayudar en el cuadre de fin de mes. La evidencia se le acumula sola: cada tarea administrativa que hace es una línea nueva para su currículum, que puede ir actualizando en nuestro creador de CV a medida que suma.

Jhonatan, técnico electricista egresado de SENATI, apunta a supervisor

Su brecha no es técnica, es de mando: nunca ha coordinado a nadie. Objetivo de resultado: «Ser responsable de una cuadrilla de al menos tres personas antes de junio del próximo año. Sabré que se cumplió cuando tenga por escrito la asignación de la cuadrilla o el correo del jefe de obra encargándome un frente.» Hábitos: los lunes, ser él quien organiza y comunica el plan de trabajo de su grupo aunque nadie se lo haya pedido; y llevar una bitácora semanal de avances, incidentes y retrasos, que entrega los viernes al supervisor. Acción de esta semana: mandar el viernes la primera bitácora con tres líneas. El punto fino de su caso es que el objetivo no depende de un curso: «llevar el diplomado de gestión de proyectos» habría sido más cómodo y no lo habría acercado nada, porque lo que le falta se aprende parado en obra.

Roxana, contadora en un estudio de Miraflores, quiere jefatura

Objetivo de resultado: «Llegar a jefe de contabilidad, aquí o en una empresa mediana, en un plazo de dieciocho meses, con un ingreso mensual desde S/ 5.000 en planilla. Sabré que se cumplió cuando tenga el cargo y la boleta.» Hábitos: cada quince días, sentarse una hora a preparar la sustentación de estados financieros que hoy hace su jefe, y pedir hacerla ella una vez por trimestre; y cada mes, dedicar una tarde a acompañar a un asistente en su cierre en lugar de corregirle el trabajo al final. Acción de esta semana: pedirle a su jefe quince minutos para plantearle que ella presente el cierre de abril al cliente. Su objetivo tiene una parte de sueldo, así que además necesita la conversación en su momento y con argumentos; el guion está en cómo pedir un aumento de sueldo.

Los tres casos comparten algo: el objetivo de resultado está fuera de su control, y los dos hábitos están completamente dentro. Por eso ninguno de los tres depende de la buena voluntad de otra persona para avanzar esta semana.

La revisión de cada tres meses

Un objetivo sin revisión se convierte en un papel viejo. Tres meses es el plazo correcto: un mes es muy poco para ver movimiento y seis meses es tanto que alcanza para desviarse por completo sin darte cuenta.

Bloquea una hora, saca tu hoja y responde estas preguntas en este orden.

  • ¿El hábito se cumplió? Cuenta las semanas, no la sensación. De trece semanas, ¿en cuántas hiciste las dos postulaciones o la hora de curso? Menos de ocho significa que el hábito está mal diseñado, no que tú fallaste.
  • ¿El resultado se movió? Aunque no esté logrado, tiene que haberse acercado: entrevistas, conversaciones, tareas nuevas, el curso a la mitad. Si no se movió nada en tres meses, el camino elegido no lleva a ese destino.
  • ¿Qué estorbó? Nombra el obstáculo real: el turno cambió, el curso era a una hora imposible, el jefe nunca respondió. Los obstáculos concretos se resuelven; «me faltó constancia» no se resuelve.
  • ¿Qué ajusto? Casi siempre se ajusta el hábito, no el objetivo. Si dos postulaciones semanales no salen, baja a una y hazla mejor. Un hábito cumplido al ochenta por ciento vale más que uno ambicioso cumplido a la mitad.

Cuándo se abandona un objetivo sin culpa

Abandonar a tiempo es parte del método, no una derrota. Hay cuatro casos donde corresponde soltar.

Cuando el destino desapareció: el puesto que querías ya no se publica en tu ciudad o la empresa cerró esa área. Cuando lo probaste y no era: te dieron gente a cargo por dos meses y confirmaste que coordinar te desgasta. Cuando su costo ya no cabe en tu vida: el objetivo pedía viajar tres semanas al mes y ahora tienes un hijo de meses. Y cuando lleva dos revisiones seguidas sin moverse ni un milímetro, con los hábitos cumplidos; eso ya no es falta de esfuerzo, es que el camino no era ese.

La forma de soltarlo es escribirlo: «Suelto el objetivo de jefatura porque probé coordinar y no es lo mío. Lo reemplazo por especializarme en tributario, que es donde sí quiero estar.» Un objetivo abandonado con reemplazo no es un fracaso; es información que te costó tres meses conseguir y que ahora ahorra tres años.

Estos objetivos suponen que ya elegiste dirección; si la tuya todavía está abierta, la decisión previa —qué ruta tomar a tres o cinco años— está en cómo planificar tu carrera. Y hay algo que no hace ningún papel: que las empresas te encuentren mientras avanzas. Si tu objetivo de este trimestre incluye moverte, crea tu cuenta, deja tu puesto, tu distrito y tu disponibilidad al día, y parte del trabajo empieza a ocurrir sin que tengas que postular.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos objetivos profesionales debo tener al mismo tiempo?

Tres: uno de resultado y dos de hábito que lo alimenten. Esa es la carga que aguanta alguien que además trabaja ocho o diez horas, se moviliza y tiene familia. Con cinco o seis objetivos ocurre siempre lo mismo: las primeras semanas todo avanza, luego se cae el que menos urgencia tiene y al mes y medio no queda ninguno. Si tienes más cosas que quieres lograr, ordénalas por prioridad y trabaja las tres primeras este semestre; las demás entran en el siguiente y no se pierden. La excepción son los objetivos que se empujan entre sí, como sacar un certificado y aplicar eso mismo en un entregable del trabajo.

¿Qué diferencia hay entre un objetivo de resultado y uno de hábito?

El de resultado es el destino: el ascenso, el sueldo, el puesto nuevo, el certificado. El de hábito es una conducta repetida: dos postulaciones por semana, una hora de curso los martes, un contacto nuevo al mes. La diferencia importante es el control. El resultado depende también de otros, de que se abra una vacante o de que exista presupuesto; el hábito depende solo de ti. Al principio conviene apoyarse en los hábitos porque te dan una señal de avance cada semana mientras el resultado tarda meses en llegar. Sin hábitos, el objetivo de resultado se convierte en un deseo con fecha.

¿Cada cuánto debo revisar mis objetivos profesionales?

Cada tres meses, en una hora bloqueada. Un mes es muy poco para ver movimiento real y seis meses alcanzan para desviarse por completo. En esa hora responde cuatro preguntas: cuántas semanas cumpliste el hábito, si el resultado se acercó aunque no esté logrado, qué obstáculo concreto estorbó y qué vas a ajustar. En la mayoría de casos lo que se ajusta es el hábito, no el objetivo: si dos postulaciones semanales no salen, baja a una y hazla mejor. Un hábito modesto que se cumple casi siempre rinde más que uno ambicioso que se cumple a medias. Antes de cerrar la hora, anota la fecha de la siguiente revisión, para que no dependa de que te acuerdes.

¿Cuándo conviene abandonar un objetivo profesional?

En cuatro situaciones. Cuando el destino desapareció, porque el puesto ya no se publica en tu ciudad o la empresa cerró esa área. Cuando lo probaste y confirmaste que no es lo tuyo, por ejemplo coordinaste un equipo dos meses y descubriste que te desgasta. Cuando su costo ya no cabe en tu vida por un cambio familiar o de salud. Y cuando lleva dos revisiones seguidas sin moverse a pesar de que cumpliste los hábitos, que es la señal de que el camino elegido no lleva ahí. Escribe el motivo y pon un reemplazo: un objetivo soltado a tiempo es información, no un fracaso.

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