Hacer tu CV
Cómo colocar tus logros laborales
Una función dice qué te tocaba hacer; un logro dice qué quedó distinto porque estuviste tú. La fórmula acción más cómo más resultado, seis lugares de donde sacar cifras sin inventarlas y qué escribir cuando el número no lo recuerdas o es confidencial.
Hay una pregunta que se hace todo el que lee un currículum y que casi ningún currículum contesta: ¿qué quedó distinto en esa empresa porque estuvo esta persona? Las funciones no la responden. Las funciones dicen qué te tocaba hacer, y en un cargo determinado le tocaba lo mismo al que estuvo antes y al que vino después.
Un logro sí la responde. Y no es un premio, ni un reconocimiento de fin de año, ni algo que solo tienen los gerentes. Es un resultado concreto que produjo tu trabajo. La cajera que cerró catorce meses sin faltantes tiene un logro. El técnico que bajó las devoluciones de su taller tiene un logro. Lo que suele faltar no es el logro: es haberlo mirado y haberlo escrito.
Función y logro: los mismos días, dos líneas distintas
La diferencia se ve mejor pegada que explicada. En cada fila de abajo, la persona hizo exactamente lo mismo. Cambió qué escribió.
| Puesto | Escrito como función | Escrito como logro |
|---|---|---|
| Cajera de supermercado | Manejo de caja y atención al cliente | Cerré caja sin faltantes durante catorce meses seguidos, atendiendo un promedio de ciento veinte clientes por turno |
| Asistente contable | Registro de facturas y conciliaciones | Ordené el registro de facturas por antigüedad y bajé de nueve a dos las observaciones del auditor externo |
| Vendedor de ruta | Visita a clientes y toma de pedidos | Sumé treinta bodegas nuevas a una ruta de cuarenta clientes en un año, sin perder cobertura de las existentes |
| Almacenero | Control de inventario | Reordené la ubicación por rotación y bajé el picking de veinte a doce minutos por pedido |
| Recepcionista de clínica | Programación de citas | Reduje las citas perdidas confirmando por WhatsApp el día previo, de doce a cuatro por semana |
| Técnico de mantenimiento | Mantenimiento preventivo de equipos | Pasé el mantenimiento de correctivo a preventivo con un cronograma mensual, y las paradas no programadas bajaron a la mitad |
| Docente de primaria | Dictado de clases y evaluación | Con un plan de lectura diaria, mi aula pasó de 40 % a 72 % de alumnos en nivel logrado en comprensión lectora en dos años |
Ninguna de las columnas de la derecha inventa un trabajo nuevo. Solo mira el mismo trabajo desde el resultado. Y todas comparten una estructura.
La fórmula: acción, cómo y resultado
Un logro bien escrito tiene tres partes. Falta una y se cae.
- La acción. Qué hiciste tú, en verbo y en primera persona: implementé, reordené, negocié, capacité, recuperé.
- El cómo. Qué cambiaste para lograrlo. Es la parte que casi todos se saltan y la que hace creíble el resultado: «con un cronograma mensual», «confirmando por WhatsApp el día previo», «renegociando con dos proveedores».
- El resultado. Qué pasó después, con cifra, porcentaje, tiempo o comparación.
En plantilla: «[Verbo en pasado] [qué] [cómo lo hiciste], y [qué cambió] de [antes] a [después].»
Sin el cómo, el logro suena a suerte: «Las ventas subieron 20 %». ¿Y tú qué hiciste? Sin el resultado, es una función más: «Implementé un cronograma de mantenimiento». ¿Y sirvió? Las tres partes juntas caben en dos líneas y ese es todo el secreto.
Los logros no van en una sección aparte titulada «Logros». Van dentro de cada puesto de tu experiencia laboral, como las últimas viñetas del bloque, después de las funciones núcleo. La estructura completa de esa sección está en cómo describir correctamente tu experiencia laboral. El más fuerte de todos, además, sube al resumen de las primeras líneas.
«No tengo números»: seis lugares donde sí están
Es lo primero que dice casi todo el mundo, y casi siempre es falso. No es que no haya números; es que nadie los anotó. Estas seis preguntas los sacan a la superficie, y ninguna requiere inventar nada.
- Compara el antes y el después. ¿Cómo estaba eso cuando llegaste y cómo estaba cuando saliste? El desorden del archivo, el tiempo de respuesta, los reclamos, la merma, la rotación del equipo. Si algo mejoró estando tú, ahí hay un logro aunque no lo hayas medido con un tablero.
- Cuenta el volumen. Cuántos clientes atendías por turno, cuántas facturas registrabas al mes, cuántas guías recibías, cuántos alumnos tenías, cuántos equipos manejabas, cuánta plata movía tu caja. El volumen no es un logro por sí solo, pero dimensiona todo lo demás y se saca de memoria.
- Cuenta el tiempo que ahorraste. ¿Algo que tomaba dos días pasó a tomar dos horas? ¿Un reporte manual se volvió automático? ¿Un trámite de tres pasos quedó en uno? El tiempo ahorrado es la cifra más fácil de recordar y la que mejor entiende cualquier jefe.
- Cuenta personas. A cuánta gente capacitaste, cuántos practicantes formaste, cuántas personas coordinabas aunque no fueras el jefe formal, a cuántas áreas atendías. Formar al que llegó después de ti es un logro real y casi nadie lo escribe.
- Cuenta reclamos y errores. Cuántos reclamos llegaban por semana y cuántos quedaron. Cuántas devoluciones, cuántos faltantes de caja, cuántas observaciones de auditoría, cuántos rechazos de un comprobante. Los números que bajan valen tanto como los que suben.
- Cuenta el reemplazo que hiciste. Cubriste a alguien de vacaciones, asumiste dos puestos por tres meses mientras contrataban, te quedaste solo en el área durante una campaña. Eso significa que la empresa confió su operación en ti, y se escribe tal cual.
Cómo reconstruir una cifra que nunca mediste
Casi todo se puede reconstruir con aritmética honesta. Si atendías clientes, piensa en un día normal y multiplica por los días del mes: no es una estimación caprichosa, es tu propia jornada. Si manejabas un catálogo, cuenta las líneas del listado. Si despachabas, mira cuántas guías salían por turno. Revisa tus correos viejos, tus reportes guardados, el grupo de WhatsApp del trabajo, tu cuaderno de apuntes; ahí suele estar la cifra exacta que crees haber olvidado.
Y una recomendación que sirve para siempre: abre hoy un documento y anota cada mes lo que hiciste con su número. Toma cinco minutos. En dos años vas a tener el CV escrito, y no vas a estar tratando de acordarte de cuánto bajó la merma en 2024.
Cuando la cifra no la recuerdas o es confidencial
Pasa seguido y no obliga a mentir ni a quedarse callado. Hay tres salidas limpias.
El rango. Si atendías entre setenta y noventa clientes por turno, escribe «entre setenta y noventa». Un rango honesto es más creíble que un número exacto de dudosa procedencia, y en la entrevista lo sostienes sin problema.
El aproximado declarado. «Cerca de», «alrededor de», «un promedio de», «aproximadamente». «Reduje en cerca de un tercio el tiempo de atención en mostrador.» Estás avisando que es una aproximación y nadie te va a pedir el decimal.
El porcentaje en lugar del monto. Es la salida para lo confidencial. Si no puedes decir cuánto facturaba tu cartera, di cuánto creció: «Crecí mi cartera 18 % interanual» no revela la venta de la empresa. Lo mismo con «el segundo mayor volumen del equipo» o «entre los tres primeros de la fuerza de ventas por tres trimestres seguidos». Si aun así el dato es sensible, escribe la magnitud relativa: «cartera de más de cien clientes corporativos», «presupuesto de siete cifras». Y si firmaste un acuerdo de confidencialidad, respétalo: el CV no es el lugar para romperlo.
El logro sin número. Existe y se sostiene, siempre que sea verificable de otra manera. Ser la persona a la que le pasaron el proceso cuando se fue el jefe, que te elijan para capacitar al personal nuevo de tres locales, dejar documentado un procedimiento que antes vivía en la cabeza de alguien, conseguir que un cliente que se iba se quedara, pasar una auditoría o una supervisión sin observaciones. «Fui la única del área capacitada para operar el módulo de facturación, y formé a las dos personas que entraron después.» No hay porcentaje ahí y no hace falta: es un hecho que cualquiera de esa empresa confirma.
Logros de mostrador, de campo y de planta
La mayoría de ejemplos de logros que circulan son de oficina, y eso deja fuera a la mayor parte de los trabajadores. Estos son de puestos operativos y de atención directa, y todos salen de las seis fuentes de arriba.
- Cajera de tienda: «Cerré caja sin faltantes durante catorce meses seguidos, con un promedio de ciento veinte clientes y S/ 9.000 diarios por turno.»
- Mozo de restaurante: «Atendí un rango de diez mesas en hora punta y me asignaron el salón de eventos por tener el menor número de pedidos observados del equipo.»
- Chofer de reparto: «Cubrí una ruta de veintidós entregas diarias en Lima Sur con 98 % de entregas a tiempo y sin siniestros en tres años.»
- Mecánico automotriz: «Bajé los retrabajos del taller organizando la revisión final por lista de chequeo antes de entregar la unidad al cliente.»
- Operario de producción: «Propuse un cambio en el orden de armado de la línea que redujo la merma del turno noche a menos de la mitad.»
- Personal de limpieza en planta: «Mantuve el área a cargo sin observaciones en cuatro inspecciones de sanidad seguidas.»
- Asistente de bodega o minimarket: «Implementé el control de vencimientos por fecha y reduje los productos vencidos de cerca de treinta a menos de diez al mes.»
- Agente de call center: «Retuve a cerca de un tercio de los clientes que llamaban a solicitar baja, con satisfacción por encima de 90 % todo el año.»
Fíjate en que ninguno menciona un cargo alto ni un presupuesto grande. Un logro no es cuestión de jerarquía: es cuestión de que algo funcione mejor gracias a ti y de que puedas contar cómo.
Una cifra inflada se cae en la entrevista
Es tentador redondear hacia arriba. Treinta clientes nuevos suena poco, pongamos cincuenta. Un 12 % de mejora suena tibio, pongamos 40 %. El problema es que el jefe del área conoce esos números mejor que tú, y su única forma de evaluarte es preguntar por ellos.
Lo que pasa es previsible. El que puso 40 % no puede explicar de dónde salió: no sabe la base, no sabe el periodo, no sabe qué hizo exactamente para lograrlo, y a la segunda repregunta empieza a moverse. Ese momento no cuesta el logro; cuesta la credibilidad de todo el CV, incluidos los datos que sí eran ciertos. Y en procesos avanzados el número se verifica con una llamada a tu ex jefe, que es la persona que menos ganas tiene de sostener una cifra que no reconoce.
La prueba antes de escribir cualquier cifra es una sola pregunta: si me piden que explique cómo llegué a este número, ¿lo puedo hacer con calma y en un minuto? Si la respuesta es no, baja la cifra hasta el punto donde sí puedas, o cámbiala por un rango. Un logro modesto y sólido gana siempre a uno grande que no resiste dos preguntas. Cómo preparar esas explicaciones antes de sentarte está en cómo prepararte para una entrevista laboral.
Cuántos poner y dónde ubicarlos
Entre uno y dos logros por puesto en los trabajos recientes y relevantes; uno en los anteriores; ninguno en los puestos antiguos que solo están para no dejar huecos. Un CV con veinte logros no impresiona: agota y hace dudar. Tres o cuatro bien escritos y sostenibles ordenan todo el documento.
Dentro de cada puesto van al final del bloque, después de las funciones núcleo, porque cierran la lectura con lo mejor. Y el más fuerte de todos sube arriba, a las primeras líneas del CV, que son las que deciden si siguen leyendo; cómo se construye ese bloque está en cómo escribir un resumen profesional atractivo. Elige cuál poner según el aviso: para un puesto de control de inventario, tu logro de merma; para uno comercial, el de cartera. El mismo historial, otro orden.
Siéntate quince minutos con las seis preguntas de este artículo y anota lo que salga, aunque salga desordenado. Después escribe tres logros con la fórmula completa y móntalos en tu currículum: en el creador de CV de Empleum tienes veinticuatro plantillas gratis donde las viñetas de cada puesto ya están estructuradas, se editan en la misma página y el documento se descarga en PDF. Con tres logros reales adentro, entra a los avisos publicados y postula con un CV que responde la pregunta que todos se hacen y casi nadie contesta.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la diferencia entre una función y un logro en el CV?
Una función describe lo que te tocaba hacer por el cargo: manejo de caja, registro de facturas, atención al cliente. Le corresponde igual a quien estuvo antes que tú y a quien venga después. Un logro describe qué quedó distinto porque estuviste tú: cuánto bajó la merma, cuántos clientes nuevos entraron, cuánto tiempo se ahorró en un proceso, cuántas observaciones desaparecieron. Las funciones ubican al lector, así que no se eliminan del todo; pero son los logros los que deciden a quién llaman. La regla práctica es dos o tres funciones núcleo por puesto y uno o dos logros al final del bloque.
¿Qué pongo como logro si mi trabajo no tiene números?
Casi todos los trabajos tienen números, lo que pasa es que nadie los anotó. Pregúntate cuánto volumen manejabas al día o al mes, cuánto tiempo ahorraste en alguna tarea, a cuánta gente capacitaste, cuántos reclamos o errores había antes y después, y qué reemplazos asumiste. Con eso sale casi siempre una cifra reconstruible con aritmética honesta. Y si de verdad no hay ninguna, existe el logro sin número, que se sostiene igual: haber sido la única persona capacitada en un sistema, haber formado al personal nuevo, haber dejado documentado un procedimiento o haber pasado una inspección sin observaciones.
¿Puedo poner cifras aproximadas en el currículum?
Sí, siempre que lo declares. Un rango como «entre setenta y noventa clientes por turno» o un «cerca de un tercio» resulta más creíble que un número exacto que después no puedes explicar. Cuando el dato es confidencial, cambia el monto por el porcentaje: decir que tu cartera creció 18 % no revela cuánto factura la empresa. También sirven las magnitudes relativas, como «cartera de más de cien clientes corporativos». La única regla firme es que puedas sostener la cifra si te preguntan de dónde salió; si no puedes, bájala hasta donde sí, o cámbiala por un logro sin número.
¿Cuántos logros debo poner por cada puesto del CV?
Uno o dos en los puestos recientes y relevantes para lo que estás buscando, uno en los anteriores, y ninguno en los antiguos que solo figuran para no dejar vacíos en tu línea de tiempo. Tres o cuatro logros bien escritos en todo el documento rinden más que una lista de quince, que cansa y genera desconfianza. Van al final del bloque de cada puesto, después de las funciones, y el más fuerte de todos sube al resumen de las primeras líneas. Elige cuál destacar según el aviso al que postulas: el mismo historial se puede ordenar de varias maneras.